Mark Twain decía que “Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente, y muchos de nuestros pueblos lo necesitan con urgencia por estas razones. No se puede adquirir una visión amplia, sana y caritativa de las personas y las cosas vegetando en un pequeño rincón de la tierra toda la vida”. Por supuesto, en Kiboko creemos en la capacidad transformadora de los viajes porque sabemos que, más allá de acumular recuerdos o fotografías, la experiencia de recorrer distintos lugares amplía nuestro pensamiento, enriquece nuestras conversaciones y nos dota de una perspectiva más profunda sobre la vida y el planeta Tierra.

Cada destino presenta una forma diferente de entender la realidad. Desde la manera en que se saludan las personas hasta cómo organizan sus ciudades, cada cultura ofrece un sistema de valores y costumbres que, al ser experimentado, desafía nuestras ideas preconcebidas. Al enfrentarnos a modos de vida distintos al nuestro, aprendemos a cuestionar nuestras certezas y a desarrollar una visión más matizada del mundo.

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Además de las razones obvias como la aventura, cambiar de aires y conocer distintos paisajes, estas son algunas de las ventajas sociales de salir a recorrer el mundo:

Historias que enriquecen la conversación

Las experiencias de viaje proporcionan anécdotas y conocimientos que van más allá de lo común. Quien ha explorado mercados en Asia, recorrido antiguos templos en Medio Oriente o compartido una comida con locales en un pequeño pueblo de África tiene relatos que capturan la atención y despiertan la curiosidad. Como señaló Ernest Hemingway, cuyo estilo se nutrió de sus viajes: “Nunca escribas sobre un lugar hasta que no estés lejos de él“. La distancia nos permite reflexionar y encontrar el significado de lo vivido.

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La capacidad de adaptarse a lo inesperado

Viajar implica lidiar con cambios de planes, barreras idiomáticas y situaciones imprevistas. Esta constante adaptación fortalece la resiliencia y la creatividad para resolver problemas. En el proceso, aprendemos a fluir con la incertidumbre y a ver los contratiempos como oportunidades para aprender.

Un puente entre culturas

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Los viajeros que han compartido una cena con una familia en Marruecos o han aprendido palabras en japonés para agradecer la hospitalidad comprenden que el intercambio cultural va más allá de lo turístico. El escritor Alain de Botton explica en El arte de viajar que el contacto con otras culturas nos permite valorar la belleza en formas que antes no habíamos considerado. Este intercambio nos hace no solo más cultos, sino también más empáticos.

Viajar nos convierte en narradores de experiencias, observadores más agudos y personas con una mayor capacidad de conexión con los demás. No se trata de acumular sellos en el pasaporte, sino de integrar lo aprendido en nuestra forma de ver el mundo y compartirlo de manera auténtica. ¡Vamos de viaje!

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